Cansábanse ya ellos de ver; pero no la rueda de dar vueltas y á cada tumbo se trastornaba el mundo, caían las casas más ilustres y levantábanse otras muy oscuras, con que los descendientes de los reyes andaban tras los bueyes, trocándose el cetro en aguijada y tal vez en un cepillo. Al contrario, los lacayos subían á Belengabores y Taicosamas. Vieron un nieto de un herrador muy puesto á la jineta y otro muy á caballo rodeado de pajes, aquél cuyo abuelo iba tal vez lleno de pajas. Decantábase la rueda y comenzaban á bambalear las torres y los homenajes, caían los alcázares y empinábanse los aduares y al cabo de años los nobles eran villanos.
¿Quién es aquel, decía Andrenio, que vive en la casa solar de los condes de tal?
Un hornero, que haciendo mala harina hizo muchos ducados, de modo que valen más sus salvados, que la harina de muchos nobles.
¿Y en aquella otra de los duques de cual?
Un otro, que vendió mal y las compró bien.
¿Pues es posible, ponderaba Critilo, que no se contente ya la desvergonzada vanidad déstos con levantar sus casas de nuevo, sino que quieren hollar las más antiguas y las que eran de mejor solar?
Salían unos ingenios noveleros con unos discursos viejos, opiniones rancias, pero bien alcoholadas, con lindo lenguaje y vendíanlas por invención suya y de verdad que lo era. Engañaban luego luego á cuatro pedantes; mas llegaban los varones sabios y leídos y decían:
¿Ésta no es la dotrina de aquellos antiguos? En un rincón del Tostado se hallará, sazonado y cocido todo lo que éstos blasonan por crudo y valiente pensar. Lo que éstos hacen no es más que sacarlo de aquella letra gótica y estamparlo en la romana más legible, mudando la cuadrada en redonda, echando un papel blanco y nuevo y con esto cátalo aquí concepto nuevo. Á fe que estos ecos que son de aquella lira y que este tomo es de Toma.
Lo mismo que en la cátedra sucedía en el púlpito con notable variedad, que en el breve rato, que se asomaron á ver la rueda, notaron una docena de varios modos de orar. Dejaron la sustancial ponderación del sagrado texto y dieron en alegorías frías, metáforas cansadas, haciendo soles y águilas los santos, inares las virtudes, teniendo toda una hora ocupado el auditorio, pensando en una ave ó una flor. Dejaron esto y dieron en descripciones y pinturillas. Llegó á estar muy valida la humanidad, mezclando lo sagrado con lo profano. Y comenzaba el otro afectado su sermón por un lugar de Séneca, como si no hubiera San Pablo, ya con trazas, ya sin ellas, ya discursos atados, ya desatados, ya uniendo, ya postillando, ya echándolo todo en frasecillas y modillos de decir, rascando la picazón de las orejas de cuatro impertinentillos bachilleres, dejando la sólida y sustancial doctrina y aquel verdadero modo de predicar del Boca de oro y de la ambrosía dulcísima y del néctar provechoso del gran prelado de Milán.
Cortesano mío, decía Andrenio, ¿volverá al mundo otro Alejandro Magno, un Trajano y el gran Teodosio? ¡Gran cosa sería!