Concitaban más el odio contra mí sus padres, que llorándola noche y día, decían:

¡La mejor hija, la que más estimábamos, la más bienvista, que ya se estaba casada! Llevárase la tuerta, la coja, la corcovada: aquéllas serán eternas, como vajilla quebrada.

Impacientes los amantes me acuchillaran si pudieran:

¡Hay tal crueldad! ¡Que no la enterneciesen aquellas dos mitades del sol en sus dos ojos y ni la lisonjeasen aquellos dos floridos meses de sus dos mejillas, aquel oriente de perlas de su boca y aquella madre de soles de su frente, coronada de los rayos de sus rizos! Ello ha sido envidia ó tiranía.

Quedé aturdida desta vez. Quise hacer el arco mil astillas; mas no podía dejar de hacer mi oficio: los hombres á vivir y yo á matar. Volví la hoja y maté una fea.

Veamos agora, decía, si callará esta gente, si estaréis contentos.

¡Pero quién tal creyera! Fué peor, porque comenzaron á decir:

¡Hay tal impiedad! ¡Hay tal fiereza! ¿No bastaba que la desfavoreció la naturaleza, sino que la desdicha la persiguiese? No se diga ya ventura de fea.

Clamaban sus padres:

La más querida, decían, el gobierno de la casa; que estas otras lindas no tratan sino de engalanarse, mirarse al espejo y que las miren.