Yo te lo diré. Reparo, señora, y dijo esto con notable sentimiento y aun con lágrimas, en que con todo lo que matamos, hacemos más riza que provecho, pues no enmiendan sus vidas los mortales ni corrigen sus vicios; antes se experimenta que hay más pecados después de una gran peste y aun en medio della, que antes.

Luego hallé una ciudad de rameras y, en lugar de una que pereció, acuden cuatro y cinco. Matamos á unos y á otros y ninguno de los que quedan se da por entendido. Si muere el joven, dice el viejo:

Éstos son unos desreglados, fíanse en sus robusteces, atropellan con todo, no hay que espantar. Nosotros sí que vivimos, que nos sabemos conservar, caemos de maduros. De aquí es que mueren más mozos que viejos. Toda la dificultad está en pasar de los treinta, que de ahí adelante es un hombre eterno.

Al contrario discurren los mozos, cuando muere el viejo:

¿Qué se podía esperar déste? Bien logrado va, todos como él, de lo que ha vivido me admiro.

Si muere el rico, se consuela el pobre:

Éstos son voraces, comen bien, cenan mejor, hasta reventar, no hacen ejercicio, no dijieren, no consumen los malos humores, no trabajan, no sudan como nosotros.

Pero si muere el pobre, dice el rico:

Estos desdichados comen poco y mal alimento, andan desarrapados, duermen por los suelos. ¿Qué mucho? Para ellos se hicieron los contagios y faltaron las medicinas.

Si muere el poderoso, luego dicen que de pesares; si el príncipe, de veneno; si el docto, trabajaba de cabeza; si el letrado, tenía muchos negocios; si el estudiante, estudiaba mucho, viviera un poco más y supiera un poco menos; si el soldado, llevaba jugada la vida, como si él la llevase ganada; si el sano, fíase en la salud; si el enfermizo, estábase dicho. Desta suerte todos tratan y piensan vivir ellos, lo que los otros dejan. Ninguno escarmienta ni se da por entendido.