Tiempo tendremos, que el morir de viejos no suele ser tan de repente.

Este único remedio, tan plausible, cuan deseado, será el asunto de nuestra última Crisi.


CRISI XII

La isla de la inmortalidad.

Error plausible, desacierto acreditado fué aquel tan celebrado llanto de Jerjes, cuando, subido en una eminencia, desde donde pudo dar vista á sus innumerables huestes, que agotando los ríos inundaban las campañas, cuando otro no pudiera contener el gozo, él no pudo reprimir el llanto. Admirados sus cortesanos de tan estraño sentimiento, solicitaron la causa tan escondida, cuan impensada. Aquí el rey, ahogando palabras en suspiros, les respondió:

Yo lloro de ver hoy los que mañana no se verán. Pues del modo que el viento lleva mis suspiros, así se llevará los alientos de sus vidas. Prevéngoles las obsequias á los que dentro de pocos años, todos los que hoy cubren la tierra, ella los ha de cubrir á ellos.

Celebran mucho los apreciadores de lo bien dicho, este dicho y este hecho; mas yo ríome de su llanto, porque, preguntárale yo al gran monarca del Asia:

Sire, estos hombres ó son insignes ó vulgares. Si famosos, nunca mueren; si comunes, mas que mueran. Eternízanse los grandes hombres en la memoria de los venideros; mas los comunes yacen sepultados en el desprecio de los presentes y en el poco reparo de los que vendrán. Así que son eternos los héroes y los varones eminentes inmortales.

Éste es el único y el eficaz remedio contra la muerte, les ponderaba á Critilo y á Andrenio su peregrino, tan prodigioso que nunca envejecía ni le surcaban los años el rostro con arrugas del olvido ni le amortajaron la cabeza con las canas, repitiendo para inmortal: