Por ningún caso, que, demás de ser dudosa, no pudo ser feliz, pues le faltó consorte: si hembra, no tiene macho, y si macho, no tiene hembra.

Válgate por ave, dijeron, ¿y cuál sería, que no queda ya cosa, que envidiar?

Sí, sí queda.

¿Quién tal creyera?

No sé cómo me lo diga. No fué sino al cuervo.

¿Al cuervo?, dijo Andrenio. ¡Qué mal gusto de hombre!

No sino muy bueno y rebueno.

¿Pues qué tiene que lo valga? ¿Lo negro, lo feo, lo ofensivo de su voz, lo desazonado de sus carnes, lo inútil para todo? ¿Qué tiene de bueno?

Oh, sí, una cierta ventaja, que empareja todo eso.

¿Cuál es, que yo no topo con ella?