¿Qué castillos son aquellos tan viejos, antiguallas, que caducan de piedras bastas y humildes, roídas del tiempo, indignos de estar á par de los pórfidos costosos?

Mucho más preciosos son éstos y de más estimación. Aquel que ves allí, míralo bien, que aún está sudando sangre sus cortinas, es el nunca bien celebrado, pero sí bien defendido de los valerosos cruzados caballeros los Medinas, Mirandas, Barraganes, Sanogueras y Guarales.

¿Según eso, ése es el Santelmo de Malta?

El mismo, el que basta á hacer sombra á todos los anfiteatros del orbe. Todos aquellos otros que allí ves los erigió el inmortal Carlos Quinto para defensa de sus dilatados reinos, digno empleo de sus flotas y millones. Que aun el palacio de recreación, que levantó en el Pardo, dispuso fuese en forma de castillo, por no olvidar el valor en el mismo deporte. En medio de arcos triunfales estaba una ni bien casa ni bien choza, ladeándose con ellos.

¡Hay tal desproporción!, exclamó Andrenio. ¡Que permanezca entre tanta grandeza tal bajeza, entre tanto lucimiento una cosa tan deslucida!

¡Qué bien lo entiendes!, dijo el inmortal. Pues advierte que compite estimaciones con los más empinados edificios y aun se honran mucho los majestuosos alcázares de estar á par de ella.

¿Qué dices?

Sí. Parece de madera y lo es, más incorruptible que de cedro, más duradera que los bronces.

¿Y qué cosa es?

Una media cuba.