¿Mucho es, le replicó, que siendo tan fresco, no vengáis corriendo sangre?
He, que no se usa ya eso. Allá en tiempo de Alejandro y de los reyes de Aragón, cuyas barras son señales de los cinco dedos ensangrentados, que pasó uno por el campo de su escudo, cuando quiso limpiar la vitoriosa mano, saliendo triunfante de una memorable batalla. Quédese eso para un temerario don Sebastián y un desesperado Gustavo Adolfo. Y digo más, que, si como esos fueron reyes, hubieran sido generales, nunca hubieran perecido, cuando muchos les hubieran muerto los caballos. Que hay mucha diferencia de pelear como amo ó como criado. Yo he conocido en poco tiempo más de veinte generales en una cierta guerrilla, así la llamaba el que la inventó, y no he oído decir que alguno de ellos se sacase una gota de sangre. Pero dejémonos de disputas y hágase lo que se ha de hacer, que entre soldados no se gastan palabras, como entre licenciados. Ea, abrid.
Eso no haré yo, decía el Mérito, que no llegáis con nombre, sino con voces.
Oyendo esto el tal cabo, echó mano y movió tal ruido, que se alborotó todo el reino de los héroes, acudiendo unos y otros á saber lo que era. Llegó de los primeros el bravo Macedón y dijo:
Dejádmele á mí, que yo le meteré en razón y en el puño.
Señor jefe, le dijo, mucho me admiro de que aquí os queráis hacer de sentir, no habiendo hecho ruido en las campañas. Tratad de volver allá y por vuestra fama. Obrad media docena de hazañas; no una sola, que pudo ser ventura. Sitiad un par de plazas reales, veamos cómo saldréis con ellas. Que os puedo asegurar que me cuesta á mí el entrar acá más de cincuenta batallas ganadas, más de docientas provincias conquistadas, las hazañas no tienen número, aunque muy de cuenta.
Sin duda, le respondió, que sois vos el Cid, el de las fábulas. No dijera más el mismo Alejandro.
Pues él mismo es, le dijeron.
Y cuando se creyó había de quedar aturdido, fué tan al revés, que comenzó con bravo desenfado á fisgarse dél y decir:
¡Mirad agora y quién habla entre soldados de Flandes, sino el que las hubo contra lanzas de marfil en la Persia, de paso en la India y contra piedras en la Escitia! ¡Viniérase él ahora á esperar una carga de mosquetes vizcaínos, una embestida de picas italianas, una rociada de bombardas flamencas! Voto á... Juro que no conquistara hoy á solo Ostende en toda su vida.