Oyendo esto el Macedón, hizo lo que nunca, que fué volver las espaldas. Enmudeció también Aníbal, por temer no le sacase lo de Capua, y el mismo Pompeyo, porque no le dijese que no supo usar de la vitoria. Desta suerte se retiraron todos los del tercio viejo y rogó el Mérito saliese alguno de los bravos campiones á la moda. Asomóse uno de harto nombre y díjole:

Señor soldado, si vos tuviérades tan criminal la espada, como civil la lengua, no tuviérades dificultad en la entrada. Andad y pasaos por los dos templos del Valor y de la Fama, que os prometo que me ha costado el entrar acá el tomar más de veinte plazas por sitio y aún aún.

Preguntó el soldado quién era y, en sabiéndolo dijo:

Oh, qué lindo. Ya le conozco. Y no diga que peleó, sino que mercadeó; no que conquistó las plazas, sino que las compró. ¡Á mí que las vendo!

Oyendo esto, bajó sus orejas el tal general y aun dicen que las hizo de mercader.

Yo, yo lo entenderé, dijo otro. Señor crudo, así como trae las certificatorias de Venus y de Baco, procure otras de Marte, que de mí le puedo asegurar, que lo que otros no emprendieron con veinte mil hombres, yo con cuatro mil lo intenté y con pocos más lo ejecuté, saliendo con la más desesperada empresa, y aun me quisieron barajar la entrada.

¿No sois vos Fulano?, dijo. Pues señor héroe, no me espanto, que no tuvisteis contrario ni tuvo gente en esa ocasión el enemigo y así no me admiro de lo que hicistes, sino de lo que dejastes de obrar, que pudiérades haber acabado la guerra, no dejando qué hacer á los venideros.

En oyendo esto, hizo lo que los otros. Llegóse uno, que no debiera, de más favor que furor, y díjole:

He, señor pretendiente, ¿no veis que es cosa sin ejemplar la que intentáis, de querer entrar acá sin méritos? Volved á las campañas, que os juro me salieron á mí los dientes en ellas y se me cayeron también, hallándome en muy importantes jornadas y, si perdí algunas, también gané otras con mucha reputación.

Señor mío, le replicó, grado á los buenos lados, que tuvistes. Que, así como otros mueren de ese mal, vos vivís de ese bien. Mientras ellos vivieron, vencistes y, ellos muertos, se os conoció bien su falta.