¿Qué arco sería aquel, que está hecho pedazos en el suelo y todos sus arpones rotos y despuntados? En lo pequeño parece juguete de algún rapaz; mas en lo fuerte de algún gigante.
Ése, respondió, es uno de los más heroicos trofeos del Valor.
¿Pues qué gran cosa, replicó Andrenio, rendir un niño y desarmarle? Ésa no la llames hazaña; sino melindre. Miren ¡qué clava de Hércules rompida, qué rayo de Júpiter desmenuzado, qué espada de Pablo de Parada hecha trozos!
¡Oh, sí!, que es muy orgulloso el rapaz y cuanto más desnudo más armado, más fuerte cuando más flaco, más cruel cuando llorando, más certero cuando ciego. Creedme que es gran triunfo vencer al que á todos vence.
Y dínos ¿quién le rindió?
Triunfo
de la Castidad.
¿Quién? De mil uno, aquel Fénis de la castidad, un Alfonso, un Filipo, un Luis de Francia. ¿Qué diréis de aquella copa hecha también pedazos, sembrados todos por tierra?
¡Qué otro blasón ése, dijo Andrenio, y más siendo de vidrio! ¡Qué gran cosa! Ésas más son hazañas de pajes, de que hacen ciento al día.
Pues de verdad, ponderó el Valeroso, que era bien fuerte el que hacía la guerra con ella y que derribó á muchos. Del más bravo no hacía él más caso que de un mosquito.
¿Qué, estaría hechizada?