Esto les estaba ponderando, cuando de repente interrumpió su discurso una viva arma, que se comenzó á tocar por todas partes. Acudieron prontos á tomar las armas y á ocupar sus puestos. Lo que fué y lo que les sucedió nos dirá la Crisi siguiente.


CRISI IX

Anfiteatro de monstruosidades.

Pasaba un río y río de lo que pasa entre márgenes opuestas, coronada de flores la una y de frutos la otra; prado aquélla de deleites, así como ésta de seguridades. Escondíanse allí entre las rosas las serpientes, entre los claveles los áspides, y bramaban las hambrientas fieras, rodeando á quien tragarse. En medio de tan evidentes riesgos estaba descansando un hombre, si lo es un necio. Pues pudiendo pasar el río y meterse en salvo de la otra parte, se estaba muy descuidado, cogiendo flores, coronándose de rosas y de cuando en cuando volviendo la mira á contemplar el río y ver correr sus cristales.

Dábale voces un cuerdo, acordándole su peligro y convidándole á pasarse de la otra banda, con menos dificultad hoy que mañana. Mas él muy á lo necio respondía que estaba esperando acabase de correr el río, para poderle pasar sin mojarse.

Oh, tú, que haces mofa del fabulosamente necio, advierte que eres el verdadero, tú eres el mismo de quien te ríes: tanta y tan solemne es tu demencia, pues instándote que dejes los riesgos del vicio y te acojas á la banda de la virtud, respondes que aguardas acabe de pasar la corriente de los males.

Escusa
vulgar.

Si le preguntáis al otro por qué no acaba de ajustarse con la razón, responde que está aguardando pase el arrebatado torrente de sus pasiones: que no quiere comenzar el camino de la virtud hoy, si ha de volver al del vicio mañana.

Si le acordáis á la otra sus obligaciones, la afrenta que causa á los propios y la murmuración á los extraños, dice que corre con todas, que así se usa, que con más edad tendrá más cordura.