¿Y por qué no de sagacidad?, replicó él. Pues advertí que con ésta os he de abrir camino. Seguidme.

Lo primero, que encontraron en el mismo atrio, fué un establo, nada estable, aunque lleno de gente lucida, hombres de mucho porte y de más cuenta, muy hallados todos con los brutos, sin asquear el mal olor de tan inmunda estancia.

¿Qué es esto?, dijo Critilo. ¿Cómo éstos, que parecen personas, están en tan vil lugar?

Por su gusto, respondió el Sátiro.

¿Pues desto gustan?

Sí, que los más de los hombres eligen antes vivir en la hedionda pocilga de sus bestiales apetitos, que arriba en el salón dorado de la razón.

No se sentía otro dentro, que malas voces y bramidos de fieras, ni se oían sino monstruosidades. Era intolerable la hediondez que despedía.

¡Oh, casa engañosa!, exclamó Andrenio: por fuera toda maravillas y por dentro monstruosidades.

Palacio
del alma.

Sabed, dijo el Sátiro, que este hermoso palacio se fabricó para la Virtud; mas el Vicio se ha levantado con él, hale tiranizado. Y así de ordinario veréis que hace su morada en la mayor hermosura y gentileza, el cuerpo más lindo y agraciado, criado para estancia hermosa de la Virtud, le toparéis lleno de torpezas, la mayor nobleza de infamias, la riqueza de ruindades.