Al contrario, el otro se gloriaba de tener buena vista, todo lo miraba con buenos ojos, con tal estremo de afición, que á la desvergüenza llamaba galantería, á la deshonestidad buen gusto, la mentira decía que era ingenio, la temeridad valentía, la venganza pundonor, la lisonja cortejo, la murmuración donaire, la astucia sagacidad y el artificio prudencia.

¡Qué dos monstruosidades, dijo Andrenio, tan necias! Siempre van los mortales por estremos, nunca hallan el medio de la razón: ¡y se llaman racionales!

¿No sabríamos qué dos monstruos son éstos?

Pía, y impía
afición.

Sí, dijo el Sagaz: aquella primera es la mala Intención, que toma de ojo todo lo bueno; esta otra al contrario, es la Afición, que siempre va diciendo:

Todo mi amigo es buen hombre.

Éstos son los antojos del mundo. Ya no se mira de otro modo y así tanto se ha de atender á quien alaba ó á quien vitupera, como al alabado ó vituperado.

Ruaba un otro bien monstruoso, muy tapado.

Éste, dijo Andrenio, parece monstruo vergonzante.

Antes, respondió el Sátiro, es de la desvergüenza.