Desta suerte todo el mundo le temía y le respetaba y todo iba, no de concierto, pero muy concertado. Faltó él y faltó todo lo bueno ese mismo día. Todo está ya perdido, todo rematado. ¿Pues qué se hizo un Catón tan severo, un Licurgo tan regular qué se hizo? Que no pudiéndolo sufrir unos y otros, no pararon hasta echarle. Ostracismo
vulgar.
Bárbaro vulgar ostracismo se conjuró contra él y por ser bueno le desterraron al uso de hoy. Sabed que con el tiempo, que todo lo trastorna, fué creciendo esta ciudad, aumentándose en gente y confusión: que toda gran corte es Babilonia. No se conocían ya unos á otros, achaque de poblaciones grandes. Comenzaron con esto poco á poco á desestimar su gran gobierno, de ahí á no hacer caso dél, luego á atrevérsele. Como todos eran malos, no se espantaban unos de otros, no decían éstos de aquéllos; cada uno se miraba á sí y enmudecía, metía la mano en el seno y sacábala tan sarnosa, que no se picaba de la ajena. No decían ya ¿qué dirán?; sino ¿qué diré yo dél, que no diga él de mí y mucho más? Desta suerte, mancomunados todos, echaron fuera el ¿Qué dirán? y al punto se perdió la vergüenza, faltó la honra, retiróse el recato, huyó el pundonor. Ya no se atendía á obligaciones, con que todo se asoló. Al otro día la matrona dió en matrera, la doncella de vestal en bestial, el mercader á escuras, para dejar á ciegas, el juez se hizo parte con el que parte, los sabios con resabios, el soldado quebrado. Hasta el espejo universal se hizo común. Así que ya no hay honra ni se parece.

He, no nos cansemos en buscar tarde lo que otros no pudieron hallar ni al mediodía.

¿Pues en una ciudad tan famosa?, ponderaba Critilo.

Honra
desestimada.

Trocóse en fumosa, dijo Momo, con tanto humo y tanto hollín y todo confusión.

Tú te engañas, replicó en alta voz un otro personaje, que allí se dejó ver, por ser bien visible en lo grueso y bienvisto en lo agradable, muy diferente de Momo y aun su antagonista en su aspecto, trato, genio, traje, hechos y dichos.

¿Qué sujeto es éste?, preguntó Andrenio á uno de los del séquito, que era tan mucho, como popular.

Y respondióle:

Bien dijiste, sujeto á todos y de todos.

¡Qué colorado que está!