Rey de sí mismo.

Dejadme estar, respondió, que ahora comienzo á vivir: ya me gozo y soy rey de mí mismo.

Pues, señor, volviéronle á hacer instancia, ¿cómo un príncipe de tan alto genio ha podido humanarse á conversar con tan vil canalla, horrura mayor del vulgo?

He, que no se me ha hecho de nuevo. ¿No andaba yo en el palacio rodeado de truhanes, simples, enanos y lisonjeros, peores sabandijas, á dicho de un rey Magnánimo?

Rogáronle unos y otros volviese al mando y él por última resolución les dijo:

Andad, que, habiendo probado ya esta vida, gran locura sería volver á la pasada.

Trataron de elegir otro, que debía ser en Polonia, y pusieron la mira en uno, nada niño y mucho hombre, Prendas
majestuosas.
de gran capacidad y valor, de gran inteligencia y ejecución, con otras mil prendas majestuosas, así de hombre como de rey. Presentáronle la corona; mas él, tomándola en sus manos y sospesándola, decía:

Á gran peso, gran pesar. ¿Quién podrá sufrir un dolor de cabeza de por vida? Tú pesando y yo pensando.

Pidió que por lo menos se la sustentase con dos manos un hombre de valor, porque no cargase todo el peso sobre su cabeza. Mas díjole el venerable presidente del parlamento:

Eso, Sire, más sería tener el otro la corona en su mano, que vos en la cabeza.