Y éste es, respondió el Estremado, el juego del mando, éste el gobierno de todas las comunidades y repúblicas. Unos mismos son los que mandan siempre, sin dejar tocar pelota á los demás. Que no hay política, que no tenga sus faltas y sus azares. Pero si me creéis, dejaos de todo mentido mando y seguidme, que yo os prometo mostrar el señorío real, que es el verdadero.

Aquí hacemos alto, respondió Critilo. El mayor favor sería guiarnos á casa de aquel ínclito marqués, embajador de España, cuya casa es nuestro centro, donde pensamos poner término á nuestra prolija peregrinación, hallando nuestra felicidad deseada.

Lo que les respondió y sucedió aquí, relatará la Crisi siguiente.


CRISI XIII

La jaula de todos.

Crece el cuerpo hasta los veinte y cinco años y el corazón hasta los cincuenta; mas el ánimo siempre. ¡Gran argumento de su inmortalidad! Es la edad varonil el mejor tercio de la vida, como la que está en el medio. Llega ya el hombre á su punto, el espíritu á su sazón, el discurso es sustancial, el valor cumplido y el dictamen de la razón muy ajustado á ella. Al fin todo es madurez y cordura. Desde este punto se había de comenzar á vivir; mas algunos nunca comenzaron y otros cada día comienzan. Ésta es la reina de las edades y, si no perfecta absolutamente, con menos imperfecciones. Las tres libreas
del hombre.
Pues no ignorante como la niñez ni loca como la mocedad ni pesada ni pasada como la vejez; que el mismo sol campa de luces al mediodía. Tres libreas de tres diferentes colores da en diversas edades la naturaleza á sus criados. Comienza por el rubio y purpurante en la aurora de la niñez; al salir del sol de la juventud, gala de color y de colores; pero viste de negro y de decencia la barba y el cabello en la edad varonil, señal de profundos pensamientos y de cuidados cuerdos; fenece con el blanco, quedándose en él la vida, que es el buen porte de la virtud, librea de la vejez lo cándido.

Había Andrenio llegado á la cumbre de la varonil edad, cuando ya Critilo iba descaeciendo cuesta abajo de la vida y aun rodando de achaque en achaque. Íbales convoyando aquel varón raro, muy de la ocasión. Porque, aunque habían topado otros bien prodigiosos en el discurso de tan varia vida, que quien mucho vive, mucho experimenta; mas éste les causó harta novedad. Porque crecía y menguaba como él quería. Gigante enano. Estirábase, cuando era menester, iba sacando el cuerpo, alzaba cabeza, levantaba la voz y hombreábase de modo, que parecía un gigante tan descomunal, que hiciera cara al mismo capitán Plaza y aun á Pepo. Por otro estremo, cuando á él le parecía, se volvía á encoger y se empequeñecía de modo, que parecía un pigmeo en lo poco y un niño en lo tratable. Estaba atónito Andrenio de ver una virtud tan variable.

No te admires, le dijo él mismo. Que yo con los que tratan de empinarse y levantarse á mayores, con los que quieren llevar las cosas de mal á mal, también sé hacer piernas; pero con los que se humillan y llevan las cosas de bien á bien me allano de modo, que de mi condición harán cera, cuando más sincera. Que tengo por blasón perdonar á los humildes y contrastar los soberbios.

Éste, pues, hombre por estremos, habiéndoles desengañado de que el marqués embajador, que ellos buscaban, no asistía ya en la corte imperial, sino en la romana con negocios de extraordinaria grandeza, y habiendo ellos resuelto, después de mucha desazón y sentimiento, proseguir el viaje de su vida hasta conseguir su alejada felicidad y marchar á la astuta Italia, ofrecióles el voluntario gigante su compaña hasta los Alpes canos, distrito ya de la sonada Vejecia.