Y porque me empeñé, decía, en mostraros el señorío verdadero, sabed que no consiste en mandar á otros, sino á sí mismo. ¿Qué importa sujete uno todo el mundo, si él no se sujeta á la razón? Y por la mayor parte, los que son señores de más, suelen serlo menos de sí mismos. Y tal vez el que más manda más se desmanda. El imperio no es felicidad, sino pensión; pero el ser señor de sus apetitos es una inestimable superioridad. Tiranía
de pasiones. Asegúroos que no hay tiranía como la de una pasión y, sea cualquiera, ni hay esclavo sujeto al más bárbaro africano, como el que se cautiva de un apetito. ¡Cuántas veces querría dormir á sueño suelto el necio amante y dícele su pasión:
Quita, perro, que no se hizo para ti ese cielo; sino un infierno de estar suspirando toda la noche á los umbrales de la desvanecida belleza!
Quisiera el mísero engañar, si no satisfacer, su hambre canina y dícele su codicia:
Anda, perro, ni una sed de agua y siempre de dinero.
Suspira el ambicioso por la quietud dichosa y grítale el deseo de valer:
Hola, perro, anda aperreado toda la vida.
¿Hay Berbería tan bárbara cual ésta? He, que no hay en el mundo señorío como la libertad del corazón. Eso sí que es ser señor, príncipe, rey, y monarca de sí mismo. Esta sola ventaja os faltaba para llegar al colmo de una inmortal perfección; todo lo demás habíais conseguido, el honroso saber, el acomodado tener, la dulce mitad, el importante valor, la ventura deseada, la virtud hermosa, la honra autorizada, y desta vez el mando verdadero.
¿Qué os ha parecido, preguntó el agigantado camarada, de los bravos alemanes?
Grandes hombres, iba á decir Critilo, cuando perturbó su definición uno, que parecía venir huyendo en lo desalentado y á gritos maldistintos repetía:
¡Guarda la fiera, guarda la mala bestia!