Herman, retirate. ?Que es lo que me quiere mi respetable huesped?
EL ABAD.
Quiero hablar sin rodeos: mis canas y mi celo, mi ministerio y mis piadosas intenciones me serviran de disculpa: tambien invoco mi calidad de vecino, aunque nos visitemos muy rara vez.
Varias voces estranas y escandalosas ultrajan vuestro nombre; un nombre ilustre hace muchos siglos. iAh! iojala que pueda trasmitirse sin mancha a vuestros descendientes!
MANFREDO.
Proseguid, os escucho.
EL ABAD.
Se dice que estudiais secretos que no estan permitidos a la curiosidad del hombre, y que os habeis puesto en comunicacion con los habitantes de las oscuras moradas, y con la multitud de espiritus malignos que se hallan errantes en el valle al que da sombra el arbol de la muerte. Se que vivis muy retirado y que tratais muy rara vez con los hombres vuestros semejantes; se que vuestra soledad es tan severa como la de un prudente anacoreta; iy que no es tan santa!
MANFREDO.
?Y quienes son los que estienden estas voces?