EL ABAD.
Mis hermanos en Dios, los paisanos asustados, vuestros propios vasallos que observan vuestra inquietud. Vuestra vida corre el mayor peligro.
MANFREDO.
?Mi vida? yo os la abandono.
EL ABAD.
Yo he venido para procurar vuestra salvacion y no vuestra perdida… No quisiera penetrar los secretos de vuestra alma; pero si lo que se dice es cierto, todavia es tiempo de hacer penitencia y de impetrar misericordia; reconciliaos con la verdadera iglesia, y esta os reconciliara con el cielo.
MANFREDO.
Os entiendo; ved mi respuesta. Lo que fui y lo que soy no lo conocen sino el cielo y yo. No escogere un mortal por mediador ?he quebrantado algunas leyes? que se pruebe y se me castigue.
EL ABAD.
Hijo mio, yo no he hablado de castigo y si de perdon y de penitencia: vos sois quien debe escoger; nuestros dogmas y nuestra fe me han dado el poder de dirigir a los pecadores por la senda de la esperanza y de la virtud, y dejo al cielo el derecho de castigar: "La venganza pertenece a mi solo," ha dicho el Senor, y es con humildad como su siervo repite estas augustas palabras.