Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente
El sol, que en otros dias con brillo refulgente
Inauguró del pueblo la estátua colosal.
Miradle en este templo que alzó la providencia:
Sobre el altar se eleva, fijando la creencia
Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.
Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares,
Sus flores el incienso, sus cedros los pilares,
Sus aves la armonía, su cielo el pabellon;
Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina,
Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina.
Do arde sagrado fuego de eterna religion.
Mirad cual lo saludan del muro los cañones,
Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones,
En que la estrella luce cual signo de hermandad;
Mirad como se riza del mar la blanca espuma,
Cual se disipa en torno la misteriosa bruma,
Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!
Oid como resuenan los ¡vivas! nacionales,
Cual desde el alta torre sus glorias inmortales
Publica la campana con lenguas de metal;
Oid como retumban los bélicos tambores,
Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores,
Que llenan todo el templo cual coro universal.
Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre,
Una oracion solemne digna de un pueblo libre,
Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor;
Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento,
En un amor unidos y un mismo sentimiento,
Roguemos al abrigo de un manto protector.
Roguemos por la suerte del mundo Americano,
Porque sus nobles hijos con palmas en la mano
En nombre de un principio se abracen con amor;
Roguemos porque caigan los réprobos caudillos,
Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos,
Para apagar, matando, de libertad el clamor.
Roguemos, porque nunca naufrague la creencia,
Para que tenga un culto la excelsa inteligencia
Que dice á la barbarie:—«¡De aquí no pasarás!»
Roguemos porque todos escriban en sus pechos
Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos,
¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!
Pidamos para el campo las mieses abundosas,
El pan para los pobres, virtud á las hermosas,
Y para el pueblo todo, la luz de la razon;
Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres,
Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres,
Pidamos para todos de paz la bendicion!
Este es el ruego digno de un pueblo generoso,
El único que al sólio del Todo-Poderoso
En alas de los ángeles la brisa llevará;
Roguemos, que templados por el sublime ruego,
El alma encandecida del entusiasmo al fuego
A otras generaciones su ardor trasmitirán.
Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente
El sol que á nuestros padres encandenció la mente
Para vaciar en ella de Chile la nacion;
¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre
Una oracion solemne digna de un pueblo libre
Que pida para todos Amor y Redencion.
XII
Á LA AMÉRICA
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Por las fieras hambrientas perseguido
Cruza indómito potro las llanuras,
Y amarrado con fuertes ligaduras
En sus hombros Mazzepa va tendido.
Por la carrera al fin desfallecido
El bruto cae sobre las breñas duras,
Y libre de sus recias ataduras
Mazzepa se levanta rey ungido.
Asi América gime entre cordeles
Al rudo potro colonial atada,
Seguida por la jauría de lebreles;
Y exánime, y sangrienta y lacerada
Corre, cae, se levanta y de laureles,
Resplandece su frente coronada.
XIII
Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA
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