Y tú, mujer, bañada en mi creencia,
Recibe en tu alma su impalpable esencia
Cual vaso de eleccion:
Sé tú de la verdad sacerdotiza,
Y ciñe como nueva pitonisa
La aurëola que dá la inspiracion.
III
Duerme, mas no por siempre inanimado.
El sueño por mis manos derramado,
Angel de castidad;
Como la flor que en noches del estío
Se adormece con gotas de rocío,
Y se despierta al ver la claridad.
IV
Reclínate en el ala misteriosa
Del imantado sueño, niña hermosa,
Para soñar de amor;
Que la mujer que sueña es como el ave,
Que oculta su cabeza en ala suave
Blanca como los velos del pudor.
V
Permite que á tus ojos ponga venda,
Y que en el fondo de tu mente encienda
La antorcha de la fé,
Para que pueda ver tu inteligencia
Los mundos que se ocultan á la ciencia,
Y lo que el hombre al despertar no ve.
VI
Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas,
Para que tu alma brille en las tinieblas
Cual faro celestial;
Y se estiendan las alas de tu alma,
Para volar á la region de calma
Donde se olvida el mundo terrenal.
VII