Envuelto por el humo del combate
Su canto fué de paz y bendicion,
Y de la lucha entre el feral embate
Puro permaneció su corazon.
El genio le ciñó con sus espinas,
Su herencia fué una lágrima de hiel,
Pero de sus creaciones peregrinas,
Brotan torrentes de armonía y miel.
Descendió como un mártir á la arena
Atleta de la Paz y la Igualdad:
Destrozando del hombre la cadena
Dió consuelo á la triste humanidad.
Con la osadía del apóstol fuerte
De la verdad la antorcha reanimó,
Y al caer en el abismo de la muerte
Encendida á su borde la dejó.
VII
AL VIOLINISTA CAMILO SIVORI
IMPROVISADO DESPUES DE UN CONCIERTO
———
Muda el alma de asombro en tu presencia
Cuando vibraba el arco palpitante,
Con eco penetrante
Sintió la cuerda armónica llorar.
Una lágrima tibia brotó de ella
Que se mezcló á tus blandas armonías,
Y en dobles simpatías
Vibró al compas el arco y corazon.
Al eco misterioso de los bosques
Uniste al trino puro de las aves,
Y en melodías suaves
Brotó tu inspiracion como raudal.
El ángel de las santas armonías
Cubrió tu frente con sus alas de oro,
Y en tu violin sonoro
De Paganini el alma suspiró.
El pueblo que en silencio te escuchaba
Ante tu genio doblegó la frente,
Y escuchó reverente
De tu arco la inmortal revelacion;
Que si al pisar la corte de los Reyes
Una joya te dió de sus coronas,
De América en las zonas
Al pueblo soberano diste ley.
VIII
¡ADIOS POR SIEMPRE!
I
Triste es cruzar el mundo peregrino
Para encontrar en medio del camino
Una flor que nos llene de embriaguez,
Y continuar su marcha fatigosa
Dejando atras aquella flor hermosa
Que ya no encontraremos otra vez.
Así al cruzar el valle de la vida
Te miré y admiré flor bendecida,
Caida de la corona de mi Dios,
Y seria feliz al contemplarte
Si no tuviese pronto que dejarte
Y decirte por siempre: ¡Adios! Adios!
II