Como una estrella fugaz
Que luce en la noche umbría,
Brilló un instante María
En el valle del dolor:
Era una vírgen, tan pura
Cual de la tarde la brisa,
Cuya mágica sonrisa
Reflejo era del amor.
Se marchitó como rosa
Que su perfume derrama,
Como fosfórica llama
Un solo instante vivió;
Porque faltaba á su alma
El aire puro del cielo,
Y tomando raudo vuelo
Otra atmósfera buscó.
Un dia que en un jardin
Ivamos juntando flores
(Emblemas de los amores
Que en la tierra puso Dios)
Un pensamiento la di,
Y ella me dió un pensamiento,
Y animada de contento
Formó un ramo de los dos.
Aquellos dos pensamientos
Su vida simbolizaban,
Ó quizá identificaban
Su vida, su alma y su ser,
Porque apenas en su pecho
Hallaron tibia guarida,
Pálida y desfallecida
Bajó la marchita sien.
Sobre el lecho de agonía
Cayó, como flor tronchada
Por el viento deshojada,
Y su frescura perdió;
Y cual se exhala el perfume
Del cáliz de lirio hermoso,
De su cuerpo primoroso
Su alma angélica voló.
Antes de cerrar sus ojos
Y dar el último aliento,
Con blando y lloroso acento
A su lado me llamó:
Su bello rostro cubría
La palidez de la muerte,
Y con mano casi inerte
Dos pensamientos me dió.
Y me dijo:—«Dulce amigo,
«Solo en el mundo te dejo:
«Del valle triste me alejo,
«Y no te veré ya mas,
«Y hasta que llegue el instante
«De oir de Dios los acentos,
«Guarda esos dos pensamientos,
«Y no me olvides jamas!»
Esos pensamientos mústios
Dados de muerte en el lecho,
Yo los conservo en mi pecho
Como sacro talisman,
Porque se hallan impregnados
Del espíritu invisible
Del alma pura y sensible,
Que calma mi triste afan.
Yo que profeso en el alma
La religion de la muerte,
Sobre su sepulcro inerte,
Llanto y flores derramé,
Y entre las fúnebres flores
Lágrimas puse á millares,
Y entre blancos azahares
Pensamientos coloqué.
Y al pié del mústio sepulcro
De la cándida María,
Mis ojos vieron un dia
Dos pensamientos brotar,
Y luego ví el huracan
Llegar con vuelo violento,
Deshojar un pensamiento...
Y uno tan solo dejar.

XVIII
EL VELO

———

La mies se corona de espigas doradas,
Y el cielo se esmalta con nubes de azul,
Las flores se envuelven con hojas variadas,
Y en gajos flexibles el verde abedul.
Se ciñe el guerrero con palma triunfante,
El rey con diadema circunda la sien,
La falsa coqueta prefiere un diamante,
Que á par de ella, muchas prefieren tambien.
Se ciñen los montes coronas de hielo,
De blancas espumas las olas del mar,
De fresco rocío las plantas del suelo,
De llamas rojizas la esfera solar.
Mas hay una bella que dulce y modesta
Ni flores, ni nubes, ni llamas buscó,
Y en vez de la joya que adorno le presta,
Con diáfano velo su frente ciñó.

———

Si fuese al combate, colgára en mi lanza
Con lauros de triunfo su leve crespon,
Y altivo, animado de doble esperanza
Seria de guerra mi sacro pendon.
Si fuese marino, colgára ese velo
Por vela á mi buque, por toldo á su iman,
Y en calma mirando los astros del cielo
Las iras burlára del negro huracan.
Si fuese poeta, mi armónica lira
Podria al amparo del ténue cendal,
Y al son de la brisa que mansa suspira
Le diera inspirado su acorde final.
Si fuese viajero deseara una palma
Que sombra tranquila me diese á su pié,
Como esa que el velo, con plácida calma,
Derrama en la frente que el ojo entrevé.

———