Dios abriendo sus manos desde el cielo
Distribuye sus dones generosos:
Al árbol dá los frutos deliciosos,
Y al valle ameno la fragante flor.
Y la mujer, cual ángel de la tierra,
Reina de la creacion que ha embellecido,
Lleva en sí como vaso bendecido
Los gérmenes fecundos del amor.
Tú, Catalina, eres el dulce fruto
De una mujer, que cual lozana planta,
En su corona fresca flor levanta,
Mientras el fruto de sus ramas dá;
Eres la prenda del cariño tierno
De un noble amigo, que con blando anhelo,
Guarda esa planta del rigor del cielo
Cuidándola con amoroso afan.
Por tí, por ellos hoy mi voz levanto
Para cantar la aurora de tu vida,
Cual ave que entre rosas escondida
Canta á la rosa que abre su boton;
Abre el oído, hermosa miniatura,
Para escuchar mis blandas armonías,
Antes que de la tierra las orgías,
El eco te conturbe el corazon.
Salve, blanca paloma de inocencia,
Que por primera vez tiendes el ala,
Y cuyo pico, que pureza exhala,
De la vida en el cáliz vá á beber;
Vuela, tiende tu cuello blandamente,
Para que no se agite la onda pura,
Que levantando la hez de la amargura
Te ofrecerá veneno en vez de miel.
Bebe una gota al borde de ese cáliz,
Una gota no mas, y en raudo vuelo,
Como si fueras á buscar tu cielo
Vuelve á asilarte al seno maternal,
Porque sinó de la pasion al soplo
Desbordará un torrente enfurecido,
Que arrastrará á las playas del olvido
Tu vida y tu inocencia angelical.
Vuela y vuelve á dormir tranquilamente
De la esperanza en la divina almohada,
Por el amor materno perfumada,
Vuela y vuelve paloma á reposar;
Y ojalá que al abrir tus ojos bellos,
Por la razon fulgente iluminados,
De lágrimas no se hallen empañados,
Ni puedan estas páginas borrar.

X
Á UN AMIGO
QUE ME ASISTÍA EN UNA ENFERMEDAD, SIENDO MI MÉDICO UN AMABLE FILÓSOFO

———

Mi médico, suaviza mis dolores
Hablándome de ciencia y poesía,
Como Platon el ático lo haría
Perteneciendo al gremio de doctores.
Tú en los remedios que haces, viertes flores
Que impregna la amistosa simpatía,
Y de tu mano brota noche y dia
Bálsamo aliviador de sinsabores.
Me hallo como el viagero que ha colgado
Su hamaca entre dos árboles floridos;
Que envuelto en un ambiente perfumado
Le acarician sus gajos estendidos;
Y que al fin se aletarga blandamente
Y hojas y flores caen sobre su frente.

XI
EN UN ÁLBUM

———

Es el álbum un libro misterioso
Donde todos deponen suaves flores:
Allí ofrece el amante sus amores,
Y el amigo su sincera oblacion;
Allí están los recuerdos del hermano,
Del padre, del amigo y del esposo,
Y el crugir de sus hojas, armonioso,
Es un eco del tierno corazon.
Es el álbum un ara consagrada
Al candor, la virtud y la belleza,
Donde ella, reclinando su cabeza,
Melancólica piensa en lo que fué:
Allí llega el poeta y el artista
Para quemar su incienso á la hermosura,
Para ofrecerla alguna rosa pura
Que ella en su seno secará tal vez.
Allí tambien se acerca el peregrino,
Para doblar humilde la rodilla
Ante la hermosa, en cuyas sienes brilla
La corona que adorna á la virtud;
Y cuya frente cándida y serena,
Como el disco argentado de la luna,
Que se refleja en plácidas lagunas,
Del corazon refleja la quietud.
Yo el peregrino soy que arrodillado
Ante el altar modesto de tus lares,
Culto rindo á los genios tutelares
De la mansion tranquila del placer;
Y al contemplarte á tí bajo su amparo
Admiro en tí la madre cariñosa,
Y las virtudes de la casta esposa,
Flores que brota el alma de mujer.
Yo soy el peregrino que cruzando
Del Andes la region encanecida,
Admiré entre las nieves escondida
Una flor de bellísimo color:
Aquella flor en medio del desierto
Me hizo olvidar de la aridez del suelo,
Y encontré en el camino algun consuelo
Recordando lo suave de su olor.
Tú eres la flor que he visto en este valle,
Y cuando de él me aleje mi destino
Recordaré en el áspero camino
Tus virtudes, tu gracia y candidez;
Y este recuerdo en tu álbum estampado
Es la huella fugaz del pasagero,
Que al pasar á la sombra del palmero
Su cifra misteriosa grava al pié.

XII
QUÉ PODRÉ DECIR
(EN EL ÁLBUM SIN VERSOS DE UNA JÓVEN ESPOSA!)