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Todos dicen, Señora:—«Álbum sin versos
Es arpa no encordada todavía,
Donde duerme tranquila la armonía
Esperando la suave vibracion;
Y que si el vate arroja una palabra
En el mar de sus hojas incoloras,
Se estremecen sus páginas sonoras
Cual árbol que sacude el aquilon.»
¡Oh! no es cierto! sin duda quien tal dijo,
Jamas tu álbum purísimo ha tenido,
Porque entonces habria allí leido
Lo que en sus hojas blancas yo leí:
Lo que se lée en las ondas de los rios
Cuando la blanca luna los colora;
Lo que se lée en las nubes del aurora
Entre celajes de oro y de carmin.
¿Qué podré yo decir, que ya no diga
Esta página blanca de azucena?
Aquí se vé lucir pura y serena
Tu frente que selló la castidad;
Aquí se leen tus albos pensamientos
Y la inefable candidez de tu alma,
Y una elocuente imágen de la calma
En la apacible vida del hogar.
Aquí toda tu vida está en compendio
Donde dice con cifra misteriosa:
Bella argentina, madre cariñosa,
Esposa tierna... ¿qué mas quieres, dí?
Yo te juro que todo cuanto he dicho
Diciendo está tu libro en su pureza,
Y en su nivea blancura hay mas belleza
Que la que el númen puede darte á tí.
Tampoco creas que el pensil mas bello
Pueda exalar mas inefable aroma,
Cuando el aurora en el oriente asoma
Y la tierra le ofrece su ovacion;
Que aquí, de las domésticas virtudes
Un misterioso olor llena el ambiente,
Que baña al peregrino blandamente
Si se acerca á tu umbral con emocion.
Todo lo dice un libro inmaculado
Para espresar una existencia pura,
Y esa misma elocuencia, la natura
Manifiesta en el agua y en la flor;
Pero si algo deseas, jóven bella,
Que en este álbum purísimo te diga,
Diré:—El cielo tu existir bendiga
Bajo el ala azulada del amor.
Puedas volver al seno de tu patria
En brazos del esposo que te adora,
Y esa prole que el alma te enamora
Le dé dias de gloria y esplendor.
Mi voto es tal, y el corazon me dice
Que si mi patria fuese tu familia,
Pasaria su noche de vigilia
Y brillaria de esperanza el sol.
XIII
Á UN AMIGO
DEVOLVIÉNDOLE UN LIBRO DEL QUE UNA MANO QUERIDA HABIA ARRANCADO UNOS VERSOS DEL AUTOR, Y QUE FUERON REEMPLAZADOS POR LOS SIGUIENTES:
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Los tristes ecos que á mi humilde lira
En otros dias arrancó el dolor,
Hoy lo destroza con su bella mano
El ángel puro que me dió su amor.
Así el guardian que vela sobre el hombre
Si vé en su frente el polvo sombrear,
Tendiendo el ala, cual la seda blanda,
Quiere la mancha de su sien borrar.
Aquellos versos fueron líneas truncas
Que en arenas movibles escribí,
Al borde del torrente de la vida,
Y que borradas por un soplo ví.
Mas, nada importa que mis pobres versos
En este libro vuestro ya no estén,
Cuando otros astros de esplendor eterno
Entre sus hojas relucir se ven;
Y si del cielo el estrellado manto
Ligera nube empaña su esplendor,
La faz hermosa de los astros luce
Si un viento leve limpia ese vapor.
Pero diréisme que un lunar es bello,
Y en blanco seno fúnebre crespon,
O en negros rizos un jazmin nevado
Que en su contraste forma la ilusion.
Pero no es bello el yuyo en los jardines,
Ni negra sangre en grato rosicler,
Ni las gotas de lodo salpicado
Sobre túnica blanca de mujer.
Al reemplazar mis versos con mis versos
Pienso que los dedico á la amistad,
Y si en el cambio poco se adelanta
En algo apreciareis la voluntad:
Fueron los unos quejas de mi alma
Que en horas solitarias exhalé,
Al ensayar las cuerdas de la lira,
Y entrar al mundo con incierto pié;
Y estos no tienen místicos perfumes
Del balsámico aliento del Señor,
Ni del artista los ligeros tintes,
Ni el trazo fuerte del pensar creador.
Son el aroma de las flores secas,
Ecos errantes de cancion fugaz,
Gotas amargas á la vez que dulces
Con que el destino humedeció mi faz.
No me pidais los versos arrancados
Que arrebató en su soplo el huracan,
Y que marchitos cual la flor de otoño,
Mústios y tristes por el suelo van.
Ya no se pueden levantar del suelo,
Pues son cual hojas de papel fugaz,
Que aun despues de quemadas tienen forma,
Y si se tocan son polvo y no mas.
Así se pasan los serenos dias
Y uno por uno bajan de la sien,
Y al levantarlos de la tierra fria,
Polvo y ceniza son ellos tambien.
XIV
UNA FLOR DEL ALMA
(Á UNA AMIGA ANCIANA)
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