Las advertencias referidas, de las cuales me parece no debe ningun navegante despreciar lo mas leve, las sujeto como debo à la correccion de mejor juicio, y á la enmienda de lo que en lo sucesivo vaya adelantando la experiencia: que asì como esta fuere creciendo, así habrá mas que añadir y quitar; y mas si se hace exacto exámen de esta costa, las dos bahias por la parte de afuera, sus bajos y canales que entran à ellas, levantando geometricamente su plano, y balizando algunos canalizos para mayor seguridad de las embarcaciones: lo que à mi me ha sido imposible egecutar, así por lo riguroso de la estacion como por la poca proporcion que mas que, como conocen los inteligentes, se necesita para ello de mucho mas tiempo, estacion proporcionada, y mayores arbitrios.
NOTA.—El puerto que está al O de la Punta de los Lobos, señalado con cuatro anclas, del cual hago referencia en la advertencia 9.ª, ademas de ser segurísimo y capaz de anclar en él muchas embarcaciones mayores y menores, tiene la gran ventaja, de que solo puede servir para que nuestras embarcaciones vayan à èl à proveerse de lo necesario: lo que no puede hacer otra ninguna embarcacion que no sea de la nacion ó de alguna aliada nuestra; pues siendo enemiga, no puede por camino alguno hallar ningun socorro. La razon es, porque embarcaciones mayores no pueden llegar al Colorado, y aun lanchas y botes es menester esperar marea para entrar mas adentro de la Punta de los Zaramagullones, y precisamente á tiro de piedra de tierra, que no hay mas distancia que 60 brazas. Antes del expresado sitio, ni aun en èl, desde la Punta de los Lobos, es imposible hacer desembarco, por no ser transitable por el fango suelto de que se compone todo aquel terreno: en cuyo supuesto la embarcacion, que por los nuestros, ò con su consentimiento (en caso de estar habitado el Colorado) no sea socorrida, no tiene mas arbitrio que perecer, entregarse ò marcharse.
El fango, de que digo que está compuesto este parage, es tan suelto, especialmente por las orillas de los arroyos, que un perro que en una ocasion saltò del bote, y nadando salió al expresado fango, tuvimos que ir con el mismo bote à buscarle, porque luego que se clavò ya no pudo salir.
Algunos de los marineros que llevè se han visto en bastante riesgo de perder la vida, queriendo hacer pruebas à veces à pasar algun pantano ó arroyo, que por casi seco les parecia chico.
Y ùltimamente, siempre que este puerto tenga salida libre á la mar, como con bastante fundamento lo presumo, vuelvo à decir, que me parece solamente bueno para la nacion que ocupe el Colorado.
A bordo del bergantin Nuestra Señora del Carmen y Animas, al ancla en el Rio Negro, à 8 de Agosto de 1781.
BASILIO VILLARINO.
NOTAS
[1]: Diario del año de 1780.
[2]: Talvez sea el Charileo del diario del Ejército expedicionario de 1833, y mas correctamente, Chadi-leufú ó Chadileu, "arroyo salado."