Me ponderaron estos indios su pobreza, y el dolor que tenian en que sus fuerzas no pudiesen contribuir á mi alivio y al de toda la gente: y así estos coma los Peguenches que vinieron esta mañana, viendo los marineros desnudos con frio excesivo metidos en el rio, arrastrando las embarcaciones, decian lastimándose: pobres soldados, en su idioma.

Para despacharlos les ponderé el deseo que tenia de llegar á sus toldos, y que esto me precisaba á dejarlos y seguir viage: con esto, y con haberlos regalado algunas frioleras y bastantes palabras de amistad, se fueron, dejándome dicho que aquellas ovejas y piñones que me habian traido, se las habian comprado á los Peguenches, por caballos, pellejos, &a. El rio estuvo tan malo, que todo el dia navegué por dos palmos y por menos de agua, arrastrando continuamente las embarcaciones: excesivo trabajo á la verdad para las fuerzas de los marineros, pero poco para el espíritu que los alienta, con la esperanza de llegar á la laguna de Huechum-lauquen, y en ella tener socorro de Valdivia, para continuar con las crecientes de los rios el reconocimiento del de la Encarnacion y el Diamante, en lo cual procuro con la mayor viveza esforzarlos; y ellos esperanzados en que tendremos víveres de Valdivia, no solo trabajan con vigor, sino que se convidan á pasar á dicha plaza entre 12 hombres armados, aunque sea pasando por entre los indios á fuego y sangre, á fin de tener de ella los socorros necesarios para concluir el todo del reconocimiento; y es de admirar esta constancia y firmeza entre marineros, pero no saben las dificultades que median desde aquí hasta conseguir lo que proponen[20].

Navegué este dia al NO 5° N una milla de distancia.

DIA 14.

Al amanecer me puse en camino rio arriba: pasaron algunos indios sin llegar á bordo. A mediodia llegaron dos: estos traian algunas piedras de guanaco para vender, y una chiquita bolsa de piñones, lo que no se les compró, así porque esto no es lo mas importante, como porque querian mucho por ello; y lo mas, porque hallándome ya casi destituido de las bujerias que traje para regalarlos, y de bastantes cosas mias propias, con que obsequié á unos y otros, algun resto que queda le voy resguardando hasta ver si hallo algun indio que quiera ir á Valdivia, en cuyo caso será indispensable regalarle bien. Se fueron luego estos dos indios, y á las 3 de la tarde llegó un muchacho ladino con otro 4 indios y una china vieja: este trajo un cordero; la china y los otros compañeros trajeron algunas manzanas, y cada uno una chiquita bolsa con piñones. Vaciando estas bolsitas advertí una mazorca maiz, y registrando cuidadosamente saqué de entre los piñones maiz muy bueno, trigo superior, chícharos blancos y otros casi negros algo mayores, habas y lentejas; las cuales semillas puse en una bolsa. Preguntándoles á estos indios si estaba lejos la tierra á donde se sembraban y recogian estos frutos, me han dicho que distante de aquí una jornada, pues en las llanuras de Huechum-lauquen sembraban y recogian los indios con mucha abundancia.

Parece que los Peguenches defienden y estorban el que estos indios, que habitan las márgenes de estos rios y andan vagantes, entren en sus tierras ni pasen á la Cordillera á buscar piñones ni manzanas; porque preguntándole yo, porqué no traian los caballos bien cargados de piñones, ya que los habia en tanta abundancia, como me ponderaban, dijeron, que los dueños de los piñares se los vendian á estos, y que valian bastante caros; y que las manzanas que habia en estas inmediaciones ya se acababan por la mucha indiada que se junta por estos tiempos á la cosecha, y que consumen de esta fruta con exceso, porque hacen de ella (ademas de la que comen) cidra ó chicha: y que para pasar á las faldas de la Cordillera á buscarlas, es menester que se les compren á los dueños de aquellas tierras, y yo presumo que como estos indios Tehueletos, Guilliches, Leubus, Chulilaquines, y otros pasan toda su vida vaqueando, cazando y robando, que es de lo que se mantienen, aquellos que siembran y tienen ganados, precisamente estan de asiento en parage fijo: y así, por venderles á los otros los frutos que se crian y los que recogen por medio de la agricultura, como asimismo por estorbar que estos vagamundos les roben sus haciendas, si les permitiesen la entranda á ellas, emplearán todas sus fuerzas, á fin de que no les entren. Contestan muchos indios en que Ignacio Delgado es cacique, y hombre de mucha hacienda: este vive á la orilla del rio Catapuliche, un poco mas arriba del desague de Huechu-huechuen, en dicho Catapuliche.

El rio Huechu-huechuen es menos que el Catapuliche: entra en este por la izquierda siguiéndolo aguas arriba.

A estos indios agasajé y regalé, habiéndose ido á sus toldos ya puesto el sol; y yo me acampé en una isla grande que divide el rio en iguales proporciones. En esta isla hay cantidad de grandes manzanos, pero sin siquiera una manzana: tan expertos son los indios en el arte de recoger que no se les olvida una siquiera encima, y al pié del árbol.

El Cerro de la Imperial se descubrió esta tarde: hermosísimo, desde alto á bajo cubierto de blanquísima nieve, y asimismo la Cordillera, cuya eminencia dista de nosotros, al rumbo del OSO, dos y media leguas de distancia.

Navegué este dia, ó mas bien, arrastré las embarcaciones este dia, al NO 5° N, una milla de distancia.