Que yo ahora iba á tomar su defensa por mi cuenta, como este Señor mi amo me lo mandaba; pero que para esto era preciso que él y todos sus indios hiciesen en un todo cuanto les mandase sin faltar un punto en nada, y que no tuviese cuidado ninguno de sus enemigos, estando yo en su defensa: que los hariamos pedazos, aunque se juntasen mas indios que yerba tenia el campo, (toda esta relacion hacia yo en alta voz, y lo mismo hacia la lenguaraza Maria Lopez, estando toda la indiada en círculo y ella, Chulilaquin y yo en medio): pero que para esto era indispensable que él y todos los indios me obedeciesen, y fuesen leales vasallos del poderosísimo Rey de España, como yo la era, que en cualesquiera partes del mundo, donde se arbolase su bandera, debian todos estar obedientes á él.—A todo se convino, haciendo de cuando en cuando relacion á sus indios de los favores que recibia; y acabado esto le dije que dijese conmigo, él y todos: ¡Viva el Rey! A cuyo tiempo se largó la bandera y un cañonazo, con mucha aclamacion y griteria de todos los indios y cristianos.

Hizo despues Chulilaquin un razonamiento á sus indios, en que les ponderaba lo mucho que le debian, pues por la amistad que él tenia con los cristianos se veian libres de la muerte, y de perder sus haciendas, mugeres é hijos; y que diesen gracias á Dios de haber hallado en esta ocasion un tan buen amigo: que debian todos mirarme y respetarme como á un padre, pues tomaba á su cuenta su defensa. Se repitió por los indios la griteria y algazara.

A este tiempo hice señas á las tripulaciones que ya estaban prevenidas, para que con la mayor viveza desmontasen los sauces, y allanasen el terreno para que los indios se admirasen. Esto se hizo tan á lo vivo y con tanta presteza, que se quedaron los indios admirados. Mandé á todos los indios y chinas conducir todos los sauces cortados á todos los parages que eran necesarios para la fortificacion: de modo que en breve hice una especie de trinchera por medio de una zanja y sauces, poniendo estacas y atravesando palos en unas partes, y en otras cortando el terreno, la cual no pueden romper los caballos en ningun avance, dejando solo un boquete para entrar y salir á una sola parte de la orilla del rio. Esta entrada tiene solo 18 varas de ancho, y en ella prolongué las chalupas, montando la artilleria en los costados que decian hácia aquella parte. Les mandé deshacer todos los toldos y conducirlos adentro: se los mandé hacer allí juntos, y no separados como suelen. Todo lo egecutaron puntualmente, de modo que á las 2½ de la tarde estaba todo hecho.

Despues llamé á Chulilaquin con todos los indios y á la lenguaraza, y les ponderé el favor que me debian. Les dije que ellos ignoraban el arte de pelear, que para que viesen mi buen corazon, que reparasen como los guardaba, metiéndolos á ellos en casa, y poniéndome yo á la puerta á recibir los golpes, porque á ellos no los lastimasen: que ya veian el modo, la disposicion y ligereza de mi gente, y el modo como los guardaba. Todo lo cual entendido por Chulilaquin, (que es uno de los hombres mas capaces y reflexivos que he tratado) me dió la gracias, abrazándome muchas veces, que Pepechel le habia traido su mejor hermano. Hizo relacion, y le hizo entender á los indios los motivos porque yo habia hecho todo aquel aparato, y como me quedaba á la entrada por guardarlos á ellos. Se repitió la griteria, y al instante mataron una yegua la mas gorda que tenian, para regalar á las tripulaciones, y una oveja y dos cabritos para mí, (excesivo regalo para estos indios). A los marineros les regalaron piñones y manzanas, y no sabian que hacerse todos, y cada uno de por sí, con nuestra gente.

Al anochecer mandé que todos los indios ensillasen sus caballos, y estuviesen sosegados hasta que yo les avisase para seguir á los que se escapasen de la artilleria, y que se pusiesen cuatro indios en los mejores caballos á trechos de media á media legua, por el camino de los Aucaces, para traer la noticia. Les dí la seña, que era, ¡Viva el Rey! Quedaron tan satisfechos y tan llenos de valor, que ya parecian otros hombres.

Hecho esto, llegó un indio huido de los Aucaces, y dijo, que estos ya estaban cerca, que venian á avanzarlos; pero que hallado en el camino á la Cacica Vieja, les dijo que juntasen mas gente, ó que no viniesen, porque estaban los cristianos con Chulilaquin, y que venian á morir; y así, que fuesen á buscar más gente, y que por esto se volvieron. Esta noche dicen que llegó otro con la noticia de que decian los Aucaces, que los cristianos eran buenos esclavos.

DIA 21.

Se pasó la noche sin novedad. Amaneció con el viento al O récio, y en exceso frío. Estuvieron los indios muy contentos, y Chulilaquin de vestido y baston.

Hoy acaeció entre estos salvajes una gran fiesta, y la mayor entre ellos, por haber alcalizado su pubertad la nieta de este cacique.

A las 5 de la tarde vino un indio con la noticia de que los Aucaces habian mandado llamar á los Peguenches de uno y otro lado de la Cordillera, para venir contra nosotros; y estos que habian respondido si habian de venir á buscar balas, y que no quisieron: por lo que los Aucaces estaban enteramente desmayados.