—No acalorarse —dijo don Primitivo—. Narváez acaba de decirme que no hay nada decidido todavía. Unos aseguran que hay capitulación, otros que no.
—Los ministros están en Palacio.
—¿Dónde han de estar? ¿Dónde ha de estar el ratón más que en su agujero?
—Conferenciando.
—Ese es su oficio, conferenciar. ¡Con cien mil pares de chilindrones, esto es una infamia!
—¿Habrá Cámaras?
—Habrá alcobas, señor don Benigno; habrá vetos; pero, ¡ay!, no tendremos un Capeto en la guillotina.
—Hombre de Dios, ¡qué furia le ha entrado!
—¿Conque siguen las conferencias?
—Y seguirán mientras haya sueldos. Lo de las dimisiones presentadas el día 4 es una farsa. Tigrekán tendrá que mandar a sus mozos de retrete que pongan a los ministros en la puerta de la calle.