—San Martín acaba de entrar en Palacio, señores: le he visto.

—Es natural. No estando en presidio...

—También han entrado los embajadores, con monsieur Lagarde a la cabeza.

—¿También esos pillos? Ya les arreglaría yo.

—Parece que está ya estipulada la reforma de la Constitución.

—Ya escampa. Así como se dice: «antes la muerte que la deshonra», yo digo: «antes quiero verla suprimida que reformada.»

Esta sabia proposición política, tan propia de cabezas españolas, salió entonces de la eminente cavidad cerebral de don Patricio.

—Esa sí que es barbaridad.

—¿Y prefiere usted el despotismo a las dos Cámaras?

—Lo prefiero.