—¿Y el año 14?

—¡Que me den el año 14, chilindrón!

—¿Y la horca?

—La horca no deshonra: los pasteles apestan y manchan... Pero allá viene el gran patriota Mejía, que siempre trae buenas noticias.

—Salud, señores —dijo el periodista llevando militarmente la mano al enorme morrión—. ¿Se van o no se van?

—Usted dirá.

—Creo que nos perdonan la vida, a lo que parece. ¿No dijeron en el Campo de Guardias que entrarían en Madrid para degollar a todos los pícaros?

—Y al fin parece que optan por comer pepinos en Aranjuez y espárragos trigueros en Talavera.

—¿Pero se van de seguro?

—Así dicen..., pero don Fernandito, que esta mañana estaba inclinado a transigir con las dos Cámaras, parece que ha dicho esta tarde: absoluto y nada más que absoluto.