—¿No me has dicho ayer que quieres que sea impertinente?

—Sí.

—Pues voy a serlo —dijo la huérfana sonriendo—. Empiezo por mezclarme en tus asuntos, aconsejándote...

—¡Muy bien!

—Más aún, mandando en ti.

—¡Excelente idea!

—Empiezo ahora.

—¿Qué debo hacer?

—Tratar de olvidar todo lo que has visto hoy.

—¡Olvidar! —exclamó Salvador con brío—. Eso no puede ser. ¿Cómo olvidar eso, Sola? ¡Imagina lo más hermoso, lo más seductor, lo mejor que ha hecho Dios, aunque lo haya hecho para perder al hombre!