Purísimo palo: es sensible, pero es preciso. Conque mucho cuidado, que mis consejos no son moco de pavo.
Don Patricio se levantó como para marcharse.
—De modo que solo ha venido usted a llamarme burro lerdo y a ofrecerme purísimo palo.
—¡Qué demonche! ¡Chilindrón, chilindrón! Se me olvidaba...
—¡Cabeza de patriota! ¡Bendito sea Dios que todo lo cría, hasta las calabazas sin costuras!
—Sí. Con la conversación y los avisos que he dado a usted para que ande con pausa en eso de las conjuraciones, se me olvidaba que venía...
En aquel instante, Solita, impulsada por la curiosidad, abrió cautelosamente la puerta asomando su semblante.
—Pase usted, mi señora doña Solita —dijo Sarmiento haciendo una reverencia—. Acabo de decirle al señor Naranjo que ponga cuidado en lo que se trama en su casa, no sea que tenga que llamar a Cachán con dos tejas. Todos sabemos que aquí no se viene a oír misa. Pues digo..., viviendo en la casa Gil de la Cuadra, el lugarteniente de don Matías Vinuesa...
Naranjo miró a un rincón de la sala, en el cual había una estaca.
—Pero si pienso ser inexorable el día en que toquen a descubrir artimañas —continuó don Patricio—, en todas las demás ocasiones seré deferente y cortés con los que han sido mis vecinos. Señora doña Solita, diga usted a su padre que he venido a traerle una carta que llevaron a casa.