Solita se estremeció de terror en los brazos de su padre.
—Es espantoso, pero yo estaba decidido, decidido, hija mía, y lo hubiera hecho. Se había clavado esta idea en mi entendimiento, y de ningún modo podía librarme de ella. Pensaba en mi crimen a todas horas, de día y de noche, en sueños y despierto. Si al principio me causaba espanto, al fin pensar en él era una delicia para mi enfermo espíritu... ¡Ah, qué dulce es ahora para mí confesarte mi falta! Me parece que se la estoy contando a Dios en persona, y al hacerlo mi alma se libra de un peso enorme... ¡Pobrecilla! Tú habías comprendido mi demencia, porque tenías buen cuidado de guardar los cuchillos y todo instrumento que pudiera servir para arrancar la vida; guardabas hasta las tijeras. Yo buscaba como un loco, y ni alfileres podía encontrar en toda la casa.
Soledad sonreía.
—Me desesperaba tu capricho de esconder los cuchillos. Me parecía una manía absurda, ridícula, mientras la mía se me antojaba muy natural. Yo discurría todos los medios: yo soñaba con pistolas que levantaran la tapa de los sesos, con puñales que traspasaran el corazón, con tenedores que abrieran las venas, con cuerdas que ahorcaran, con braserillos cuyo humo, produciendo dulce letargo, adormeciera por toda la eternidad. Si hubiese tratado de matarme yo solo, la cuestión habría sido harto sencilla; mas era preciso que muriésemos los dos, pues de otro modo no tenía gracia; ¿no es verdad que no tenía gracia? Mi idea era que abandonáramos la vida juntos, abrazados, estrechamente unidos. Más de una vez traté de confiarte mi pensamiento, a ver si tú lo aprobabas, si querías, como yo, dejar este valle de lágrimas, conformándote con el suicidio; pero, ¡ay!, te veía tan serena, tan resignada a la vida; observaba en ti tanta fe y una convicción tan profunda de que hay Providencia para nosotros, que no me atreví a decirte una palabra.
—Sí, padre: yo creía y creo que teníamos Providencia.
—¿Antes de recibir esta carta?
—Antes.
—¿Cuál? —preguntó Cuadra con cierta incredulidad.
—Una Providencia.
—Pero eso es muy vago.