Y si esta no le gusta, allá va otra:
¡Qué martillito tan bonito!
¡Qué medicina singular!
Tú harás cesar todos los males,
como te sepan manejar.
Don Patricio se separó de sus antiguos vecinos.
—Después de todo —dijo el señor de la Cuadra cuando seguían su camino—, este hombre no es más que un gran majadero.
Prosiguieron lentamente hacia la Cuesta de la Vega. Gil de la Cuadra detenía a todos los soldados de la Guardia real para pedirles noticia de su sobrino; pero ninguno supo decirle nada de fundamento.
VIII
A los dos días el desgraciado don Urbano tuvo el inefable placer de abrazar a su sobrino.