—Que es el mejor de los países. No, hermano, tú no debes salir nunca de aquí, donde tienes tantos amigos.

—Hermana, no digas que se puede vivir en una sentina de envidias y miseria. ¡Si al menos esta fuera grande para poderse uno mover! Pero no puede haber un muladar más pequeño. Yo estoy decidido...

—¿A marcharte?

—¡A América! —dijo Salvador con entusiasmo.

—¡Oh, qué disparate!

—Cuando me quede solo, me marcharé para no volver más.

—¿Pero tú puedes estar solo alguna vez? No, no lo estarás. ¡Qué horror! ¡A América, tan lejos, con el mar, un mar tan grande por en medio!

—¡Ojalá fuera mayor!... Pero aún nos hemos de ver antes de que te cases. ¿Cuándo te casas?

—Lo más pronto posible —respondió Sola enérgicamente y con rápida voz, que indicaba la rapidez de la idea.

Ella también quería poner su mar por en medio.