—Lord Gray—repuse—tampoco yo estoy para bromas.

—Todavía—dijo con amargo desdén—no he gustado el placer de matar a un deshacedor de agravios propios y amparador de doncellas ajenas.

—Maldito sea yo, si no es noble y nuevo lo que inflama mi espíritu en este instante.

—¡Araceli!-exclamó con súbita furia—¿quieres que te mate? Deseo acabar con alguien.

—Estoy dispuesto a darle a usted ese gusto.

—¿Cuándo?

—Ahora mismo.

—¡Ah!—dijo riendo a carcajadas—. Tiene la preferencia el Sr. D. Quijote de la Mancha. España, me despido de ti luchando con tu héroe.

—No importa. Después de las burlas pueden venir las veras.

—Nos batiremos... ¿Quiere usted antes recibir las últimas lecciones de esgrima?