—En el escenario hay uno que lee.
—Se levantarán algunos de sus asientos.
—Ya. Acaban de decir que quedan enterados.
—Nosotros también. Tanto ruido para nada.
—Silencio, señores, que vamos a oír un discurso.
—¡Un discurso! Oigamos. ¡Qué ruido en los palcos!
Si no calla el público, el presidente mandará bajar el telón.
—¿Es aquel clérigo que está allí enfrente quien va a hablar?
—Se ha levantado, se arregla el solideo, echa atrás la capa. ¿Le conoce usted?
—Yo no.