El Príncipe adelantó la mano con ese instintivo movimiento que parece apartar un objeto invisible. Pero D. Celestino no comprendió que su protector rechazaba por medio de un movimiento físico la amenazadora lectura del poema, y firme en su propósito, desenvainó el manuscrito homicida. En el mismo instante, Godoy, que atendía poco a nosotros y parecía estar pensando cosas muy graves, volviose bruscamente hacia la mesa, y empezó a hojear de nuevo los papeles.
D. Celestino me miró, y yo miré a D. Celestino.
Así transcurrió un minuto, al cabo del cual el Príncipe dirigiose hacia nosotros y dijo, señalando unas sillas:
—Siéntense ustedes.
Después siguió en su investigación de papeles. Sentados en nuestros asientos el cura y yo, nos hablábamos en voz baja.
—Para exponerle tu pretensión —me dijo el tío de Inés—, debes esperar a que yo lea mi poema, en lo cual, con la pausa conveniente, no tardaré más que hora y media. El admirable efecto que le ha de producir la audición de los versos clásicos, a que es tan aficionado, le predispondrá en tu favor, y no dudo que te concederá cuanto le pidas.
Después de otro rato de espera, un oficial entró para dar un despacho al Príncipe. Este le abrió al punto, y después que lo hubo leído con mucha ansiedad, dejolo sobre la mesa y se dirigió hacia D. Celestino.
—Dispénseme usted —dijo— mi distracción. Hoy es día para mí de ocupaciones graves e inesperadas. No pensaba recibir a nadie en audiencia, y si le mandé entrar a usted fue porque sabía no es de los que vienen a pedirme destinos.
D. Celestino se inclinó en señal de asentimiento, y yo dije para mí: «Lucidos hemos quedado.» Después dirigiose S. A. a mí, y me dijo:
—En cuanto al poema latino que este joven ha compuesto, ya tengo noticias de que es una obra notable. Persista usted en su aplicación a los buenos estudios, y será un hombre de provecho. No puedo hoy tener el gusto de conocer el poema; pero ya me habían hablado de usted con grandes encomios, y desde luego formé propósito de que se le diera a usted una plaza en la oficina de Interpretación de Lenguas, donde su precocidad sería de gran provecho. Sírvase usted dejarme su nombre...