Santurrias se agarró al antepecho del corredor para no caer. Después de haber dicho mil herejías, que a D. Celestino le pusieron el cabello de puntas, dijo que nos iba a contar lo que había hecho.
—Calla de una vez, deshonra de la santa Iglesia, borracho, hereje, blasfemo —le dijo D. Celestino empujándole—. Yo te aseguro que si no fueras un viudo con cuatro hijos...
—Pos, pos... —balbuceó Santurrias—: lo que hamos hecho se llama... ¡rigolución!... Que si vamos a Palacio, que si no vamos. Yo quería ir pa pedí la aldicación.
—¡Cómo! —exclamó el cura con espanto—. ¿Ha abdicado S. M. el Rey Carlos IV?
—Nones... entavía nones...
Quantus tremor es futurus
Quando judex est venturus.
Viva quien baila,
que merece la moza
mejor de España.