LUCRECIA
No, gracias... Iré a la Pardina.
EL CURA
Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado.
LUCRECIA
Mañana, a las diez.
LA ALCALDESA, desconsolada.
¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas!
EL ALCALDE
Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la masa obrera, y el hospital, y el instituto, y las escuelas... Condesa, que espere el león un día más.