¡Interrogarme! ¿Soy acaso criminal?

EL CONDE

Sí.

LUCRECIA, luchando con su conciencia, que anhela manifestarse.

Todos somos imperfectos... No me tengo por impecable... ¿Pero a usted... quién le ha hecho confesor... y juez?

EL CONDE

Me hago yo mismo... Quiero y debo serlo, como jefe de la familia de Albrit, y guardador de mi decoro.

LUCRECIA, con pánico, queriendo huir.

Esto es insoportable... No puedo más...

EL CONDE, deteniéndola por un brazo.