LA MARQUEZA
¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. (El Conde no contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.) ¿Qué tiene, mi señor, que está tan triste?
EL CONDE, como quien vuelve de un letargo.
¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!
LA MARQUEZA
Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo, gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse.
EL CONDE, con tristeza.
¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos y crecidos, ya no hay remedio...
LA MARQUEZA
¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?