¡Abuelo...!
EL CONDE, levantándose, consternado.
Sí: aquí me tienes forcejeando en medio de este oleaje de la duda. Una onda me trae y otra me lleva... y yo... ahogándome sin morir en esta inmensidad negra y fría... ¡Oh, no puedo vivir, no quiero vivir!... Señor, o la verdad o la muerte... No te asustes, niña querida. Son arrebatos que me dan. Tras esta duda quizás venga la certidumbre que deseo, que pido a Dios con toda mi alma; certidumbre que no será la que perdí: será otra, qué sé yo... (Con intensa ternura.) Dolly, ¿dónde estás? Ven a mí; suelta la escobita y abrázame. (La abraza estrechamente y la besa llorando.) Si eres tú, porque lo eres... si no, porque... no sé por qué... porque sí... no lo sé.
ESCENA VII
EL CONDE, DOLLY, EL CURA
EL CURA, en la puerta.
Pero, señor león de Albrit, ¿se olvida de que abajo estamos esperándole?
EL CONDE, limpiándose las lágrimas.
Voy... Perdona... me entretuvo esta chiquilla.
EL CURA, dando prisa.