EL CURA, repitiendo.
La dulzura, el tacto, el don de gentes del Padre Maroto, son una garantía de concordia... Vivirán en santa paz.
EL CONDE
Además, hay otro inconveniente. En mi vejez triste no puedo vivir sin afectos; me moriría de pena si no pudiera tener a mi lado a mis nietecillas, una de ellas por lo menos, la que escogiera yo para mi compañía.
EL ALCALDE, en alta voz.
Pues que las traigan. Es lo único que falta en Zaratán para que esto sea completo: un par de niñas...
EL PRIOR
¡Ah! eso no. Aquí no pueden vivir mujeres. Las señoritas le escribirían con frecuencia.
EL CURA, repitiendo, sin beber, y aplicándose, con finura, la palma de la mano a la boca.
Ya se iría jaciendo. Y alguna vez podrían las niñas venir a visitarle.