EL CONDE, EL PRIOR; algunos monjes, que a distancia se mantienen observando la escena, prontos a intervenir en ella, si lo ordena el Superior con seña o simple mirada.
EL PRIOR
Yo ruego al ilustre Albrit que se sosiegue, y que vea en esto un acto sencillísimo, dictado por la amistad, por el afecto que todos le profesamos.
EL CONDE
¡Encerrarme traidoramente, como a un loco, como a un criminal!
EL PRIOR, empleando la persuasión y buenos modos, que estima más eficaces.
Eccellenza, considere que está en su casa... ¿No dice nada a su espíritu la paz de este santo instituto? Cuantos aquí vivimos consagrados al servicio de Dios y al trabajo de la tierra, somos sus amigos, no sus carceleros.
EL CONDE
Estimo la buena intención, señor mío; pero a mí no se me enjaula, atentando inicuamente a mi libertad.
EL PRIOR