EL CONDE
Si no te has traído, puedes volverte cuando quieras. Ahora comprendo la razón y excelente lógica de tus propósitos de suicidio.
D. PÍO, con efusión.
Me suicido porque soy un ángel, y nada tengo que hacer en este mundo.
EL CONDE, indicando la dirección del cantil.
Es verdad... Vete pronto al tuyo, al cielo. Por hacerme compañía no te entretengas.
D. PÍO, que, sintiendo frío en la cabeza, se la cubre con el pañuelo, y anuda las puntas bajo la barba.
Si quisiera el señor Conde prestarme su pañuelo para sonarme, pues el mío me lo he puesto por la cabeza...
EL CONDE
Hijo, sí; tómalo y suénate todo lo que quieras... Me parece que debemos continuar andando, porque nos enfriamos. Yo estoy aterido.