D. PÍO
Como el señor Conde guste. (Levántase y le da la mano.) El viento afloja; ahora se descubre la luna.
EL CONDE, andando los dos del brazo.
Pues en este momento, mi buen Coronado, se me ocurre una idea que puede ser tu salvación. Tú te librarás de todo el mal a que tu bondad te ha traído, y yo tendré el gusto de producir en ti el único bien que has disfrutado en tu vida.
D. PÍO, algo inquieto.
¿Qué idea es esa, Sr. D. Rodrigo?
EL CONDE
Pues muy sencillo. Tú no tienes valor para lanzarte de este mundo al otro. El valor que a ti te falta, a mí me sobra. Te agarro, te arrojo por el cantil, y al llegar abajo ya eres cadáver y se han acabado tus sufrimientos. (Pausa.)
D. PÍO, que se rasca la cabeza, metiendo la mano por debajo del pañuelo.
Es una idea excelente. Por mi parte, no me opongo... Al contrario... Lo único que temo es que la muerte no sea muy rápida...