Muy bien estamos aquí... Hablemos de Nell y Dolly. Dime, ante todo: ¿tú te sientes con el saber, con la suficiencia necesaria para instruir a mis nietas? ¿Te reconoces verdadero maestro de lo que ellas ignoran?

D. PÍO

Señor Conde, yo...

EL CONDE

Nada, nada: deja a un lado el amor propio, y respóndeme. Olvídate de quien soy y de quien eres. Somos dos amigos.

D. PÍO, olvidando las categorías.

Pues amigo Albrit, diré a usted... digo, a usía que, tan cierto como ese astro es luna, yo no sé una palabra de nada. Sabía, sí, sabía mucho, aunque me esté mal el decirlo; pero las desgracias me han desconcertado horriblemente el magín. Mi memoria es un desván lleno de telarañas. Subo a él en busca de mi sabiduría, y solo encuentro retazos deshechos, trastos inútiles... Y como soy hombre de conciencia, más de una vez le he dicho a D. Carmelo que busque otro preceptor para las niñas... Una sola ciencia, o arte más bien, conservo en mi caletre. Es lo único que me queda, en esta dispersión tristísima de mis conocimientos.

EL CONDE

¿Qué es?

D. PÍO