Todo depende de que usted trate de contener su vida cerebral en los límites de lo presente, de lo práctico, y, si se quiere, de lo prosaico. ¿Me explico?
EL CONDE
Sí, hijo, sí. Entiendes por poesía la idea exaltada del honor, de la justicia. Es un rodeo parabólico para evitar el empleo de la palabra locura. (El Médico deniega, risueño.) ¡Y queríais curarme con la prosa de Zaratán!
EL MÉDICO, cortando todo motivo de excitación.
No se hable más de eso. Considérelo usted como una broma. Y si me apura, le diré que nos equivocamos... en el procedimiento, se entiende... (El Conde intenta decir algo; pero Angulo, que considera peligroso aquel tema, le quita la palabra cortesmente.) ¡Sí... la libertad, la preciosa libertad!... Estamos conformes... Ahora explíqueme usted por qué le encuentro hoy más desanimado y caviloso que otros días.
EL CONDE
¿Pero estás en Belén? ¿Ignoras que Lucrecia ha vuelto de Verola... y que viene de mal talante, y con la malvada intención de llevarse a las niñas?
EL MÉDICO
En su buen juicio, no desconocerá usted que las señoritas necesitan otro ambiente, otra sociedad...
EL CONDE, afligidísimo.