¿Y las niñas?

LA ALCALDESA

Nell estaba con su mamá... ¿Pero no sabes?... Dolly se ha vuelto a la Pardina, sin decirnos nada. La Condesa me encarga que la mande venir inmediatamente. Quiere que las dos estén a su lado.

EL ALCALDE

Lo que digo: es loca esa chicuela. Anda, Senén; vete a la Pardina, y te la traes. Dile que lo manda su mamá, y que también lo mando yo, el Presidente del Ayuntamiento. Ya le bajaremos los humos a esa leoncita...

La confesión dura cinco cuartos de hora, determinados reloj en mano por Consuelito y D. Carmelo. Este se lleva a su casa a los dos frailes, que resuelven quedarse en Jerusa hasta el día siguiente, porque el Prior tiene que solventar asuntos varios en el Ayuntamiento. Alégrase de esta detención el Cura, para que puedan oír y apreciar su sermón de aquella noche dos teólogos insignes.

Vuelve Senén de la Pardina con la incumbencia de que Dolly no quiere salir de allí, y que ha hecho burla del Alcalde y de su vara, lo que saca de quicio a Monedero. Le calma su esposa con el razonamiento de que es muy natural que la chiquilla desee comer con su abuelo por última vez. Transige D. José María, asegurando que a la tarde, o viene la fierecilla, o va él a buscarla con la Guardia civil. Senén, que no se da por vencido con los repetidos desaires de la Condesa, se va a su casa, prometiendo volver al plantón a primera hora de la tarde. Es de los que se imponen por el terror.

A la una comen los Monederos con Nell y Consuelito. A Lucrecia se le sirve en su cuarto. Dan las dos, las tres...

ESCENA V

Sala baja en casa del Alcalde.